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Reformular sin subir el Nutri-Score

Bajar el coste de una receta no tiene por qué empeorar la letra del Nutri-Score, pero depende de por dónde se ahorre. Un checklist para saber qué cambios son seguros y cuáles hay que simular antes.

Reformular sin subir el Nutri-Score

¿Se puede bajar el coste de una receta sin que la letra del Nutri-Score empeore un punto? La pregunta aparece en casi todos los proyectos de reformulación de alimentación, y la respuesta corta es: depende de por dónde se ahorre. La larga es el resto de este artículo.

Por qué el Nutri-Score y el coste no son enemigos automáticos

Es fácil asumir que «más barato» significa «peor nutricionalmente», porque la vía más rápida para bajar coste — sustituir un ingrediente caro por uno más barato — a veces empeora azúcares, grasas saturadas o sal. Pero no siempre es así, y confundir las dos cosas lleva a rechazar reformulaciones que en realidad son seguras, o a aprobar otras que sí deterioran la letra sin que nadie se haya fijado hasta que el informe sale mal.

El algoritmo del Nutri-Score pondera varios nutrientes a la vez — energía, azúcares, grasas saturadas, sal, fibra, proteína, frutas/verduras/legumbres. Eso significa que hay más de un camino para ahorrar sin tocar la letra: se puede bajar coste en un ingrediente que no pesa en el cálculo, o se puede compensar un pequeño empeoramiento en un nutriente con una mejora en otro.

El checklist antes de tocar la fórmula

Antes de aprobar cualquier cambio pensado para bajar coste, conviene pasar la fórmula candidata por esta lista:

  1. ¿El ingrediente que se sustituye pesa en el cálculo del Nutri-Score? Un espesante, un aromatizante o un colorante suelen no afectar directamente. Un azúcar, una grasa o una sal, sí.
  2. ¿Cuánto pesa realmente, en porcentaje del producto final? Un ahorro del 30% en un ingrediente que es el 0,3% de la receta apenas mueve el escandallo y no merece el riesgo de tocar algo sensible.
  3. ¿El sustituto cambia el perfil nutricional por 100 g, no solo el coste por kg? Dos ingredientes con precio parecido pueden tener perfiles nutricionales muy distintos.
  4. ¿Hay margen en otro nutriente para compensar? Si el cambio sube ligeramente la sal pero el producto tiene margen en fibra o en grasas saturadas, el resultado final de letra puede no moverse.
  5. ¿Se ha simulado el cálculo completo, no solo el ingrediente aislado? El Nutri-Score se calcula sobre el producto entero, no ingrediente a ingrediente.

Los tres tipos de ahorro que casi nunca tocan la letra

Ahorro en proceso y merma. Reducir un desperdicio de fabricación o mejorar un rendimiento no cambia la composición del producto terminado — el consumidor recibe exactamente el mismo perfil nutricional, solo que se ha fabricado de forma más eficiente. Es la vía de ahorro más segura desde el punto de vista del Nutri-Score, y la que menos se explora porque exige mirar a merma y rendimiento en vez de a la lista de ingredientes.

Ahorro en envase y logística. No toca la fórmula en absoluto. Obvio, pero vale la pena decirlo porque en la presión por bajar coste, a veces se busca en la fórmula un ahorro que en realidad estaba disponible en otro sitio.

Ahorro en ingredientes que no pesan en el algoritmo. Aromas, colorantes, algunos aditivos tecnológicos, ciertos estabilizantes. Sustituir por una alternativa más barata, si mantiene la funcionalidad, es coste puro sin riesgo nutricional.

Los ahorros que hay que mirar con lupa

Justo al revés: cualquier cambio que toque azúcares, grasas (especialmente saturadas), sal o fibra necesita simulación completa antes de tocar la fórmula de verdad, no después. Sustituir un edulcorante por azúcar porque es más barato es el ejemplo de manual: ahorra dinero y puede mover la letra un escalón entero, con el coste reputacional y comercial que eso implica si el producto se vendía precisamente por su letra.

Clean label y Nutri-Score no siempre tiran del mismo lado

Vale la pena decir esto en voz alta porque genera confusión: reducir la lista de ingredientes (clean label) y mejorar la letra del Nutri-Score son objetivos distintos que a veces coinciden y a veces no. Quitar un aditivo tecnológico puede simplificar la etiqueta sin tocar un solo nutriente. Pero sustituir un edulcorante artificial por azúcar «porque suena más natural» simplifica la lista de ingredientes y empeora la letra al mismo tiempo. Los dos objetivos hay que perseguirlos con la vista puesta en ambos números, no en uno asumiendo que el otro viene gratis. Lo tratamos con detalle en clean label: reformular con menos etiqueta y la misma promesa.

Documentar el intento, aunque no llegue a producción

Un hábito que vale la pena adoptar sea cual sea el resultado: cuando se prueba una reformulación pensada para bajar coste, que quede una revisión con el motivo escrito y el resultado del cálculo nutricional, aunque al final no se apruebe porque empeora la letra. Ese registro evita que dentro de un año alguien proponga exactamente el mismo cambio, con la misma esperanza y el mismo resultado decepcionante, sin saber que ya se probó. Es la misma lógica que defendemos en bajar el coste de una fórmula sin perder calidad: cada intento de reformulación, apruebe o no, es información que vale para la próxima vez.

La respuesta corta, otra vez

Sí, se puede bajar coste sin subir el Nutri-Score — pero no en cualquier ingrediente, y no sin simular el cálculo completo antes de decidir. La disciplina no es «evitar tocar nada relacionado con nutrición», es saber exactamente qué se está tocando y comprobarlo con el algoritmo antes de convertirlo en una revisión aprobada.

Por Marta Comesaña En Alimentación