Modo de empleo y conservación: los dos campos que se olvidan

Cómo se conserva y cómo se usa un producto se decide durante los ensayos de estabilidad y después desaparece del radar. Por qué conviene que vivan en la propia revisión.

Modo de empleo y conservación: los dos campos que se olvidan

¿Cuánto dura tu producto una vez abierto? ¿Se conserva en frío o aguanta a temperatura ambiente? ¿Se agita antes de usar o no hace falta? Son preguntas que hace un cliente, un distribuidor o el propio departamento de atención al consumidor, y que casi siempre se contestan buscando a alguien que se acuerde, en vez de mirando la ficha de la revisión.

Es curioso, porque son datos que se decidieron en algún momento del desarrollo —normalmente durante los ensayos de estabilidad— y que después desaparecen del radar. Se archivan en un informe de laboratorio, en el mejor de los casos, y en el peor se quedan en la cabeza de quien hizo la prueba.

Dos campos, no uno

Conservación. Temperatura, exposición a la luz, si necesita nevera, si el envase debe permanecer cerrado. Es información que suele salir de los propios ensayos de estabilidad y que rara vez cambia entre revisiones de un mismo producto, salvo que la fórmula cambie de verdad.

Modo de empleo. Cómo se usa el producto: cantidad, frecuencia, si hay que agitar, diluir, aplicar sobre piel seca o húmeda, tomar con o sin alimentos. Este campo sí puede cambiar entre revisiones —una reformulación puede alterar la concentración recomendada de uso— así que tiene sentido que viaje pegado a la revisión concreta, no al producto en general.

Los dos campos son sector-independientes, y por eso vale la pena tenerlos como estructura genérica en vez de un campo distinto para cada tipo de producto. En alimentación, la conservación puede ser «lugar fresco y seco, una vez abierto consumir en 48 horas»; en cosmética, algo tan simple como «evitar exposición directa al sol»; en suplementos, «no exceder la dosis diaria recomendada» pertenece más al modo de empleo que a la conservación propiamente dicha. El campo es el mismo formulario; lo que cambia es el texto que se escribe dentro.

Por qué se olvidan

Porque ninguno de los dos es un dato de coste ni de composición, y en un desarrollo apretado de tiempo la atención se va a lo que bloquea la aprobación: el escandallo, la estabilidad, el cumplimiento normativo. La conservación y el modo de empleo se resuelven «de palabra» en una reunión y rara vez llegan a un campo estructurado.

El problema aparece más tarde, casi siempre en mal momento: hay que generar una ficha técnica para un cliente nuevo y estos dos datos no están en ningún sitio consultable, así que alguien tiene que ir a preguntar, y a veces la persona que lo decidió ya no está en la empresa.

Y no es solo un problema de cara al cliente. Puertas adentro, la conservación mal documentada puede llevar a un error de almacenamiento perfectamente evitable: un producto que necesitaba frío guardado a temperatura ambiente porque quien lo recibió en el almacén no tenía forma de saber que hacía falta lo contrario. El dato no solo alimenta un PDF; también debería alimentar la etiqueta física y las instrucciones de manipulación en planta.

La solución es aburrida a propósito

Dos campos de texto en la revisión, rellenados en el momento en que se cierran los ensayos de estabilidad, antes de aprobar. No hace falta ningún cálculo ni ninguna lógica especial: solo que el dato tenga un sitio fijo, y que ese sitio sea el mismo del que sale la ficha técnica. Cuando conservación y modo de empleo viven en la revisión, la ficha técnica los incluye sin que nadie tenga que acordarse de nada. Cuando no viven ahí, cada ficha técnica es una pequeña investigación.

No es un campo que se rellene una sola vez para todo el producto y se olvide. Cada revisión nueva parte de lo que ya se sabía del producto, pero conviene revisarla siempre antes de aprobar: si cambió la concentración de un activo, es exactamente el momento de preguntarse si el modo de empleo sigue siendo correcto o si también tiene que ajustarse.

Por Marta Comesaña En Formulación