ClickUp y Smartsheet en desarrollo de producto

ClickUp y Smartsheet coordinan tareas mejor que muchos sistemas verticales. Y aun así no versionan una fórmula, no calculan un escandallo ni tienen maestro de ingredientes. Por diseño, no por descuido.

ClickUp y Smartsheet en desarrollo de producto

ClickUp y Smartsheet son, en muchos aspectos, mejores gestores de tareas que buena parte de los sistemas verticales que se venden a laboratorios. Tienen automatizaciones más flexibles, vistas más configurables, una curva de adopción más suave y, en el caso de Smartsheet, hojas de cálculo con esteroides que cualquier persona que haya usado Excel entiende en media hora. Y aun así, ninguno de los dos sirve para gestionar el desarrollo de un producto de laboratorio más allá de la coordinación de tareas.

La razón no es que sean malas herramientas. Es que resuelven un problema distinto del que tiene un departamento de I+D.

Lo que hacen muy bien

Como gestores de proyecto genéricos, ambos cumplen de sobra: tareas con fecha, dependencias, responsables, vistas de Gantt o de tablero, notificaciones, formularios de entrada. Si el objetivo es coordinar «quién hace qué y para cuándo» en el desarrollo de un producto, cualquiera de los dos hace ese trabajo mejor que un tablero improvisado en una pared o que una cadena de correos.

Smartsheet añade algo interesante: al ser básicamente una hoja de cálculo con lógica de proyecto encima, permite montar tablas de seguimiento de fórmulas, de ingredientes o de proveedores con una flexibilidad que ninguna herramienta de tareas pura ofrece. Durante un tiempo, incluso puede parecer que ahí cabe todo.

Lo que no pueden hacer, por diseño

No versionan una fórmula. Una tarea de ClickUp con adjuntos no es una revisión inmutable: se puede editar el adjunto, sobrescribir el archivo, perder la versión anterior sin que quede ningún rastro de qué había antes. La diferencia entre esto y una revisión vigente que nunca se toca no es de matiz: es la diferencia entre tener trazabilidad real y tener la ilusión de tenerla.

No calculan coste. Una celda de Smartsheet puede sumar números, pero no sabe qué es una merma, ni cómo repartir el coste de un envase entre unidades, ni cómo recalcular un escandallo completo cuando cambia el precio de un ingrediente que aparece en quince fórmulas distintas. Eso exige un modelo de datos pensado para ello, no una fórmula de hoja de cálculo por muy elaborada que sea.

No tienen un maestro de ingredientes. Ni INCI, ni alérgenos, ni límites regulatorios, ni factor de conversión de activo. Son conceptos que no existen en el vocabulario de una herramienta de gestión de proyectos, porque no nacieron para eso.

Por qué esta pregunta se parece a la de PLM, ELN o ERP

En el fondo, la duda de si ClickUp o Smartsheet bastan para un laboratorio es una versión más informal de la pregunta que ya planteé al hablar de PLM, ELN, LIMS o ERP: cada categoría de software nace para un problema, y estirarla hacia otro problema distinto casi siempre cuesta más de lo que parece ahorrar al principio. La diferencia es que nadie confunde un ERP con un gestor de tareas; sí es fácil confundir un buen gestor de tareas con un sistema capaz de sostener el desarrollo entero de un producto, precisamente porque ambos usan palabras parecidas —tarea, proyecto, versión, archivo adjunto— para cosas que no son lo mismo.

El patrón de siempre

Es el mismo patrón que ya describí con Trello y con Asana y Monday: estas herramientas se adoptan rápido porque resuelven de verdad un dolor real —la coordinación de tareas es un caos sin ellas— y ese éxito inicial hace que alguien intente estirarlas para cubrir también la composición, el coste y la trazabilidad de las fórmulas. Funciona durante un tiempo, con pocos productos y poca rotación de personas. Deja de funcionar en el momento en que hay que responder qué llevaba una fórmula hace ocho meses, y la respuesta está repartida entre cinco adjuntos con nombres parecidos.

No es una cuestión de sustituir, sino de repartir

La conclusión razonable no es «hay que dejar de usar ClickUp o Smartsheet». Es que cada herramienta cubra lo que sabe cubrir: la coordinación de tareas del proyecto en una, la composición, el coste y la trazabilidad de la fórmula en otra especializada para eso. Intentar que una sola herramienta genérica haga las dos cosas es, casi siempre, la forma más lenta de acabar necesitando las dos de todos modos, después de haber perdido ya alguna versión de fórmula por el camino.

Por Marta Comesaña En Comparativas